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Sin contar una buena historia, es difícil ganar un caso





He apreciado en varios procesos de arbitraje que abogadas y abogados no cuentan buenas historias. Ni en el planteamiento de la demanda o contestación escrita, ni en audiencias orales, logran atraer la atención del tribunal.

Los argumentos que presentan pueden ser correctos o no serlo, pero un cierto desorden al relatar los hechos, o una cierta discrepancia entre lo que cuentan y lo que ofrecen como medios probatorios, hace difícil, incluso farragoso, entender el contexto general del caso. Y es, precisamente de ese contexto, del que se desprenden los reclamos específicos que pretenden hacer prosperar.

La vieja técnica de la “fijación de puntos controvertidos” que usamos los tribunales arbitrales en el ámbito local, muchas veces suponen “cortar y pegar” las pretensiones del demandante y, en su caso, del demandado. Esto puede hacer, incluso, más confusas las alegaciones de hecho y de derecho.

Abogadas y abogados deben dominar técnicas para contar una buena historia, que sea relevante jurídicamente y que esté bien demostrada. En la medida de lo posible, deben hacer un esfuerzo por hacerla atractiva, de tal manera de que puedan captar el interés del tribunal. Si no lo hacen, tendrán ante sí un tribunal ayuno de contexto y datos relevantes, que muy probablemente se quedará con muchas preguntas que, dependiendo del estilo del tribunal, podrán o no expresar abiertamente.

Dejarle dudas y sinsabores al tribunal no es una buena forma de empezar a litigar un caso, y menos, una forma eficiente de intentar ganarlo. La responsabilidad de presentar un caso fuerte, una historia atractiva, con base jurídica y elementos probatorios suficientes es de la abogada que lo presenta y, a su turno, del abogado que lo rebate.

¿Quiere ganar el caso?
Cuente una buena historia, relevante y bien demostrada.

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