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Arbitraje en contratos públicos… ¿Total corrupción hay en todos lados?


Una canción popular muy de moda en los años 90, bajo el título “Las Torres” del grupo Los no sé quién y los no sé cuantos, decía: “…me da tanto asco / Como cinco policías en la esquina de Larco / Vendiéndole rifas a los más zampados / Y total corrupción hay en todos lados / Y por cinco lucas me compro un diputado / Un juez, un fiscal / Un par de abogados…”

La “total corrupción” la vemos, la toleramos, la dejamos pasar bien campante por nuestras calles todos los días… “Los no sé quién” se quedaron cortos. El historiador Alfonso Quiroz en su trabajo, hoy best seller “Historia de la corrupción en el Perú”, ha evidenciado, con excelente manejo de fuentes históricas, que los problemas de corrupción política, económica y judicial datan de tiempos coloniales y se extienden a lo largo de la vida republicana.

¿La corrupción ha penetrado en el arbitraje de compras públicas? Sí, al menos parece ser el dato que escandalosamente muestran grandes procesos arbitrales donde intervinieron empresas como Odebrecht y otras. Tal es el volumen de esa corrupción que existen sendas investigaciones fiscales contra los representantes de partes procesales como miembros de los tribunales arbitrales a cargo de dirimir controversias entre empresas constructoras y el Estado peruano, representado por el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC).

Pero no todo parece estar perdido. El diario “El Peruano” informa hoy que el MTC ha logrado obtener la nulidad de algunos de esos laudos arbitrales, que ordenaban al Estado pagar más de 62 millones de soles a favor de las compañías constructoras. El sistema judicial está reaccionando para tratar de poner coto a los desmanes y las corruptelas.

Tan evidente, resulta hoy, la penetración de prácticas corruptas en las licitaciones y concursos previos a la suscripción de contratos públicos, problema que no solo afecta al Perú sino a buena parte de América Latina, que incluso los propios árbitros en congresos, seminarios y reuniones técnicas hemos adoptado un capítulo infaltable en nuestras conversaciones bajo el título “corrupción y arbitraje”.

Para remediar esta lacerante y antigua práctica corrupta, se han planteado infinidad de “soluciones”. Desde el endurecimiento de la política criminal contra árbitros corruptos hasta el diseño de cursos sobre complience y ética profesional. Estas alternativas pueden ser más o menos eficientes, pero en mucho insisten en diseños legales que suelen quedarse “pintados en la pared”.

Me parece que un eje que no estamos impulsando suficientemente es el aspecto personal, cuán involucrados estamos los actores en el arbitraje para que la corrupción no avance, se detenga, retroceda y sea extinguida. Los árbitros debemos ser más atentos y diligentes para preparar nuestras audiencias e identificar indicios de corruptelas. Si vemos esos indicios, debemos denunciarlos y no “hacernos de la vista gorda”. Si mantenemos la miopía frente a la corrupción, simplemente somos cómplices de ella.

Las instituciones arbitrales deben gestionar, en el terreno práctico, mecanismos de investigación y control de la corrupción indiciaria. Si no lo hacen, no habrá incentivos para que los actores en el arbitraje hagan transparentes tales indicios.

Si no somos parte de la solución, somos parte del problema. No digas después, cuando explote un caso de corrupción arbitral, pequeña, grande o muy grande, “me da tanto asco…”


¿Lo dirías realmente en serio?

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