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¿La “mala motivación” te lleva a la anulación del laudo? Depende…





En una reciente resolución (expediente Nº 282-2015, Segunda Sala Civil con Subespecialidad Comercial de Lima), del 7 de marzo de 2017)[1], la Corte de Lima ha decidido anular un laudo arbitral por mala motivación jurídica.

En el laudo la árbitra única decidió una disputa entre el Instituto de Ciencias y Humanidades, dedicado a capacitación pre universitaria, y la empresa Innova Publicidad SAC. Las partes habían contratado la venta y mantenimiento de tres paneles publicitarios a favor del Instituto en la localidad de Ate en el año 2013.

Surgidas las disputas sobre incumplimiento y resolución contractual, la árbitra designada por la Cámara de Comercio de Lima rindió a las partes un laudo en que hizo consideraciones sobre las normas civiles aplicables a la controversia y valoró pruebas actuadas durante el proceso.

Sin embargo la Sala judicial consideró que algunas de sus apreciaciones jurídicas, en particular respecto a la interpretación y significado de la condición resolutoria pactada contractualmente, por un lado, y la valoración de los medios probatorios, resultaron ligeras y sin mayor sustento, a criterio de la Sala judicial.

En este contexto, la Sala judicial alegó que la motivación jurídica es un derecho constitucional, parte inescindible del debido proceso, derecho desarrollado por la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, el mismo que ha determinado que la motivación debe ser coherente, congruente y suficiente. Por ello, estimó que el laudo tenía motivación insuficiente y merecía la anulación consecuente.

Esta forma de abordar los recursos de anulación se viene debatiendo mucho en el Perú en los últimos diez años. Participé la semana pasada en un sazonado debate sobre el punto[2]. En el marco del mismo algunos jueces vienen sosteniendo que la motivación inexistente y la motivación insuficiente debían ser objeto del recurso de anulación. En la orilla de enfrente. Alfredo Bullard manifiesta que, eventualmente, la inexistencia de motivación podía ser objeto del recurso, pero no como una causal autónoma, pues no estaba regulada en la Ley de Arbitraje, sino como un incumplimiento de las reglas aplicables al proceso arbitral, de acuerdo al reglamento arbitral que corresponda.

Pero en ningún caso el recurso de anulación debía avocarse al conocimiento de una alegada motivación insuficiente, porque eso suponía violar la Ley de Arbitraje, la misma que prohíbe a los jueces valorar los criterios, motivaciones o interpretaciones adoptadas por el tribunal arbitral.

Aquí están dos posiciones en las antípodas… ¿Qué pueden o no pueden hacer los jueces con una mala, defectuosa o insuficiente motivación arbitral? La respuesta típicamente judicial será –Corrijamos este laudo que es un desmadre; mientras que la respuesta de algunos árbitros será –Los jueces no pueden corregir el laudo, porque la motivación es privativa del tribunal arbitral.

¿Son esas posiciones correctas? Pues el juicio de corrección depende de la perspectiva analítica que cada quien adopte. Desde la posición judicial, si la motivación es un deber inescindible del debido proceso, y si éste debe aplicarse igual en el proceso judicial y el arbitral, los jueces terminarán valorando la corrección o suficiencia de la motivación arbitral, sin importar mucho las provisiones de la Ley de arbitraje, de rango infra-constitucional.

Por el contrario, si la motivación es un derecho del que las partes pueden disponer renunciando a él, lo que muestra que no es asunto vinculado al orden público ni al contenido del debido proceso en sede arbitral, entonces los jueces no pueden inmiscuirse en las valoraciones e interpretaciones arbitrales, tal cual reza la Ley de Arbitraje.

Mi posición es que, casi bajo ningún punto de vista, puede tolerarse la ausencia de motivos en un laudo (salvo el muy discutible caso en que las partes hayan pactado una renuncia a la motivación, caso de laboratorio con el que jamás me he encontrado en la práctica arbitral). Y este es el límite del control en el recurso de anulación. Este supuesto de no motivación, a mi criterio, incluye la motivación ilógica (que viola las reglas del silogismo jurídico) porque me parece equiparable a la no motivación, en la medida en que supone un quiebre de las reglas mínimas de racionalidad.

Pero en la jurisprudencia comentada, la Sala judicial ha ingresado claramente a criticar las interpretaciones normativas y facultades probatorias de la árbitra, lo que veo como una peligrosa tendencia hacia la judicialización del arbitraje, porque unos jueces verán como insuficiente lo que otros podrán ver como suficiente, y en ambos casos se pronunciarán sobre motivaciones que justifican la decisión arbitral, aunque a los jueces no les gusten o les parezcan pobres, breves o salvajes.





[2] IV Congreso de Jueces y Árbitros, en Lima, 7 y 8 de junio de 2017, organizado por el Instituto Peruano de Arbitraje, intervinimos en el III panel los jueces José Escudero, Martín Wong Abad y los árbitros Alfredo Bullard y este servidor.

Comentarios

Leer y escribir ha dicho que…
"Participé la semana pasada en un sazonado debate sobre el punto[2]. En el marco del mismo algunos jueces vienen sosteniendo que la motivación inexistente y la motivación insuficiente debían ser objeto del recurso de anulación"

Estimado Ricardo, ni José ni yo nos referimos a la motivación insuficiente como motivo para anular un laudo, es más, ni siquiera la mencionamos. Como no participó ningún otro juez me parece útil hacer la aclaración.

Repito lo que te comenté más temprano: el concepto me parece muy impreciso.

Saludos,

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