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Laudos Frankenstein




Hay una mala costumbre entre secretarios y tribunales arbitrales: copiar y pegar los dichos de las partes para redactar el laudo. Por eso los secretarios suelen insistir en que las partes presenten el archivo electrónico que contiene la demanda y contestación.

¿El resultado? Un laudo con una retahíla de argumentos que mezcla hechos con citas legales y que siguen el orden (o muchas veces el desorden) planteado por las partes. El ejercicio de cortar y pegar genera un laudo estilo “Frankenstein”, pues es mucho más grande el “relato” copiado de los escritos de demanda y contestación, bajo el acápite “antecedentes” que el capítulo dedicado al “análisis de la controversia”, parte que queda “enana” en comparación a los “gigantes” antecedentes.

Si el laudo tiene por propósito explicar qué pasó en el caso y cuáles son las razones legales para amparar o no las pretensiones de la demanda, la estrategia “copia y pega” es muy mala. Con ella no se explica bien ni los hechos del caso ni las razones legales consideradas pertinentes por el tribunal arbitral.

Es mucho más efectivo partir de la pregunta de qué le interesa saber a un lector externo, que no conozca el contexto del caso, ni su historia, ni la relevancia jurídica de los argumentos en discusión. Muchos dirán que todo esto es sobreentendido por las partes que contienden, pero nada es sobreentendido cuando de redactar bien se trata.

Escribamos para un lector promedio con un lenguaje no muy técnico sino más bien sencillo, contémosle el contexto del caso, qué pasó en realidad y expliquemos la relevancia de los argumentos que justifican una decisión favorable o no al demandante.


Evitemos redacciones monstruosas, escribamos para ser claros al decir por qué se gana o se pierde un caso arbitral. Hacer eso es mejor que “cortar y pegar”.

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