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El árbitro de parte


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La semana pasada un diario informaba que la Municipalidad Provincial de Cajamarca perdió un proceso arbitral con un contratista, razón por la que fue condenado a pagar ocho millones de soles. El medio no informó cuáles fueron las controversias específicas ni qué razonamiento hizo el tribunal, sólo lamentó la condena y sentenció que los cajamarquinos deberían pagar por la incompetencia de la municipalidad.

Lo llamativo del comentario periodístico fue que culpaba del mal resultado no sólo a la municipalidad sino también al árbitro designado por ella, afirmando que él había votado junto a sus colegas al decidir el pago de los ocho millones.

Tal afirmación supone que el árbitro debería comportarse como abogado de la parte que lo designa. De lo contrario sería traidor a la causa de parte. Lamentablemente esta visión la he apreciado varias veces a lo largo de otros procesos arbitrales.

Craso error. De acuerdo al Decreto Legislativo Nº 1071 que norma el arbitraje, el artículo 23-b señala que, de tratarse de un tribunal, cada parte nombrará un árbitro y entre ellas o ellos nombrarán al tercero quien se desempañará como presidente. Esta facultad no lo convierte en abogado de parte. El artículo 28-1 del mismo decreto establece: “Todo árbitro debe ser y permanecer durante el arbitraje independiente e imparcial”, de lo contrario, podría ser recusado por parcialidad.

Esta previsión legislativa tiene todo el sentido del mundo. Un árbitro debe ser imparcial y neutral, debe contar con suficiente capacidad y tranquilidad de ánimo para escuchar a las partes y aplicar lo mejor de su conocimiento y experiencia al momento de decidir los asuntos ante ella o él sometidos.


No sólo debemos conocer la ley de arbitraje, sino también mantener un esfuerzo sostenido por cuidar, a pesar de las dificultades, la inasible imparcialidad.


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