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Arbitraje y sindéresis



La sindéresis es definida por el diccionario de la Real Academia Española como la capacidad natural de juzgar rectamente. Poca gente conoce esta palabra, pero todos usamos el concepto en mayor o menor medida.

Esa capacidad la necesitamos a gritos en el arbitraje nacional. Hace años, cuando inicié mis estudios en la Facultad de Derecho, varios profesores insistieron en que debíamos conformarnos con aplicar la ley al caso concreto, de tal forma que si el “hecho” acaecido correspondía a la clase de “hechos” previstos por el legislador, la consecuencia prevista en la ley debía ser, sin más, aplicada… Caso cerrado.

Años más tarde entendería que esta visión “lógica” o “formalista” del Derecho era muy insuficiente, porque los casos más interesantes no se “acomodan” al ordenamiento normativamente previsto por el legislador,  porque individuos, empresas e instituciones actúan “más allá del Derecho” intentando ampliar sus negocios y crecer en sus vidas.

¿Qué hacemos los árbitros cuando caemos en la cuenta que la norma no prevé exactamente la conducta de las partes?, ¿o cuando las partes debaten el significado de sus conductas?, ¿o cuando las conductas de las partes no está reguladas por el Derecho vigente?

Es en esos momentos cuando necesitamos la reclamada sindéresis, cuando a la capacidad de juicio debemos anteponer la capacidad de análisis para entender lo que realmente sucedió sin que pudiéramos presenciarlo, para luego hacer una interpretación de esa historia a la luz de una interpretación de normas que no tienen una solución precisa, sino que pueden orientarnos en varios sentidos posibles… ¿Caso cerrado? ¡No!, caso abierto, dudas múltiples, incertidumbre.


¿Cuál de los varios sentidos normativos deberemos aplicar?, y ¿por qué?... Ese es el corazón de la decisión arbitral, donde viven, entre otras capacidades, la imprescindible sindéresis.


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