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Clasificar casos fáciles, difíciles y trágicos, es una tarea judicial?



En junio de 2014 el Consejo Nacional de la Magistratura publicó el precedente 120-2014, con carácter vinculante, después de más de diez años de evaluación sobre los criterios que emplea para medir la calidad de las decisiones de juezas y jueces peruanos.

Tomando como referencia mas de 1,500 procesos de ratificación judicial, evaluación que el Consejo aplica cada siete años a los magistrados para confirmarles o no en sus cargos, el Consejo ha hecho una lista de los errores más frecuentes que suelen cometer, entre ellos destacan los siguientes:

  • Falta de orden
  • Ausencia de claridad
  • Errores sintácticos y ortográficos
  • Redundancia
  • Incongruencia
  • Insuficiencia argumentativa
  • Citas impertinentes de jurisprudencia y doctrina
  • Transcriben normas sin interpretarlas
  • Transcriben medios probatorios sin valorarlos


Estamos de acuerdo con estos señalamientos. Hace mucho venimos insistiendo en que la calidad de decisiones judiciales debe medirse conforme con los criterios aportados por la teorías de la argumentación jurídica.

Como hemos escrito en otras ocasiones, una decisión cuenta con calidad suficiente cuanto está doblemente justificada, interna y externamente.

La justificación interna supone que el juez construye una premisa de hecho la misma que es capaz de subsumir en una premisa normativa, llegando a una decisión válida deductivamente. Mientras que la justificación externa completa el esfuerzo argumentativo, cuando los jueces pasan a dar razones materiales que sostienen cada una de la premisas, tanto la fáctica como la normativa.

El Consejo también insiste, tal como lo hemos hecho en los últimos años, en que el lenguaje empleado por la judicatura debe ser claro. La claridad debe orientarse al empleo de palabras que el destinatario sin entrenamiento legal, el ciudadano de a pie, pueda comprender con facilidad.

Hasta aquí coincido plenamente con estos planteamientos. Pero cuando el Consejo pasa a definir cuáles son las condiciones que evalúa para calificar si un juez ha comprendido o no el problema jurídico que tiene entre manos, presta atención a criterios tales como la motivación suficiente, el uso de reglas gramaticales y ortográficas, y una distinción metodológica sobre si la naturaleza del problema corresponde a un caso fácil, difícil o trágico. Aquí empieza mi disenso...

La distinción entre casos fáciles y difíciles viene de la teoría legal anglosajona. En ese contexto se entiende que un caso es fácil cuando, al ser rutinario, puede aplicarse el silogismo jurídico para resolverlo. No es necesaria mayor argumentación en la medida en que la premisa normativa es incuestionable y de interpretación uniforme, mientras que la premisa de hecho no ofrece problema probatorio alguno.

El caso se torna difícil cuando no hay seguridad sobre la corrección de las premisas, y en particular cuando la premisa normativa es problemática porque hay dos derechos enfrentados que se derivan de dos principios jurídicos que colisionan, como por ejemplo en casos donde un personaje público reclama la protección de su derecho a la intimidad mientras que un medio de comunicación reclama se derecho a informar al público. Aquí, se dice, no basta un razonamiento basado en el silogismo, sino que debe aplicar otra metodología como el balanceo entre tales derechos, lo que conocemos en la doctrina europea como la técnica de la ponderación, de tal forma de que se justifique racionalmente por qué un principio pesa más que el otro en ese caso concreto.

Manuel Atienza (1997, "Los límites de la interpretación constitucional, de nuevo sobre los casos trágicos", Isonomía, Nro.6) propone el ejemplo de un caso trágico cuando un juez español se ve exigido, ante el ingreso de un norteafricano a España usando una pequeña balsa y atravesando el estrecho de Gibraltar, a expulsarle del territorio español, de acuerdo a la legislación migratoria. Esta solución, la única correcta desde la perspectiva del derecho positivo, es injusta porque viola el principio material de la igualdad entre las personas que se deriva del principio de dignidad humana, según el que todos los seres humanos somos iguales, incluidos norteafricanos y españoles... La solución aportada por el ordenamiento jurídico es positivamente correcta pero trágica...

La clasificación entre casos fáciles, difíciles y trágicos es útil para que los teóricos del derecho hagan las distinciones conceptuales a las que están habituados, en la medida en que su trabajo es desarrollar conceptos y hacer planteamientos críticos sobre el derecho vigente, pero ¿es razonable exigir tal conceptualización a los jueces cuyo trabajo, como dice el Consejo en el precedente 120-2014, no es hacer artículos académicos, sino decidir controversias concretas, revelando si un caso les pareció fácil, difícil o trágico?

Y si el juez piensa que el caso es fácil pero la parte que pierde lo considera difícil, ¿podrá en la apelación construirse un argumento sobre la facilidad o dificultad del caso? ¿La sala de apelaciones decidirá si el caso era fácil o difícil? Esta tarea no corresponde a jueces quienes no están llamados a hacer teoría ni metodología, sino a decidir con todas las consecuencias que ello implica.

Y ¿se imaginan a jueces reconociendo que la decisión a la que han llegado en aplicación del sistema jurídico es, en realidad, injusta? ¿Sería ello tolerable para las partes? ¿Y la apelación de quien pierda podría introducir un argumento de justicia material que se aparte de las fuentes del ordenamiento legal vigente? ¿Cómo podría resolver la sala de apelaciones fuera del ordenamiento legal?

Todo esto refleja la inconsistencia del Consejo al exigir a los jueces que hagan un trabajo conceptual de naturaleza académica que no les corresponde. Los jueces no pueden desobedecer la ley. Dejemos la clasificación sobre qué es fácil, difícil o trágico a los profesores  de derecho y exijamos a los jueces que hagan bien su trabajo, que tomen decisiones prudentes, bien justificadas y usando un lenguaje que la ciudadanía pueda entender, nada más ni nada menos.

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