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Pruebe lo que diga por el amor de Dios!


Hace poco participé en una audiencia de alegatos finales como árbitro único. El caso había iniciado seis meses antes con la instalación, seguida de la fijación de puntos controvertidos y admisión de pruebas, sin lograr conciliación, y ya que el caso había avanzado, decidimos cerrar la etapa probatoria. Esperaba escuchar en la audiencia información fidedigna y clara sobre cómo el contratista  probaría sus pretensiones y qué tenía que decir al respecto la entidad demandada.

En sus alegatos las partes se refirieron, ambas, a la resolución contractual que hizo la entidad del contrato de obra celebrado con el contratista. La entidad alegaba que la obra, en ese momento, sólo tenía 38% de avance, mientras que el contratista contradecía ello afirmando que el avance fue en realidad del 100%.

Ambas se refirieron, para intentar demostrar su alegato, a la existencia de unas fotografías anexas a sus escritos de demanda y contestación (“una imagen vale más que mil palabras” decía el contratista) y a la existencia del acta de constatación física e inventario que se produjo inmediatamente después de la resolución contractual practicada por la entidad.

Más allá de lo que se viera en las copias de las fotografías, las que no tenían fecha, era clave para saber en qué estado de avance estaba exactamente la obra, aquellos hechos, partidas e inventarios consignados en el acta de constatación física. Cuando pregunté a ambas partes en qué anexo de su demanda o contestación la habían presentado, y en qué párrafo de sus respectivos escritos habían razonado en torno a su contenido, ambas partes guardaron silencio…

Cuando pedí a secretaría que ubicara la pieza clave de este caso, el secretario no encontró el acta porque ¡nadie la había presentado! ¿Cómo pretender probar que la obra tenía un avance del 38 o del 100% si nadie se había molestado en presentar ese documento tan relevante?, ¿no se supone que la investigación sobre los hechos del caso y el alineamiento entre acervo probatorio, alegaciones y pretensiones hay que diseñarlo ANTES de escribir una demanda?

Lamentablemente no es la primera vez que presencio este tipo de audiencias finales. Contra lo que suelo pensar, que el caso es de las partes y que quien alega debe probar lo que dice, tuve que suspender la audiencia, reabrir la etapa probatoria, pedir a las partes que presenten ese documento esencial para saber qué pasó con el avance de la obra, y dilatar el momento de fijar plazo para laudar.


Este es un mensaje en una botella lanzada al mar de quienes pretenden un reclamo en vía arbitral: ¡Pruebe lo que diga por el amor de Dios!

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