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Caso Llamoja, por qué no mezclar papas con camotes



En el famoso caso Giuliana LLAMOJA HILARES, nuestro Tribunal Constitucional fijó en el año 2008 la lista de malas prácticas en que jueces peruanos incurren respecto al deber de motivación judicial[1].

El fundamento siete de dicha sentencia (expediente 728-2008/HC/TC) consigna seis errores frecuentes de motivación, a saber:

a)    Inexistencia o motivación aparente,
b)   Falta de motivación interna,
c)    Deficiencia de motivación externa,
d)   Motivación insuficiente,
e)    Motivación sustancialmente incongruente,
f)     Motivación cualificada.

Para entender esta clasificación, la misma que no pretende hacer distinciones lógicas sino simplemente es una lista de malos ejemplos y errores a evitar, es fundamental entender la distinción básica entre justificación interna y justificación externa de un argumento jurídico.

Para decirlo en muy pocas palabras, la justificación interna equivale a la estructura lógica del argumento. Toda decisión judicial que afecte la esfera jurídica de un ciudadano o ciudadana debe seguir necesariamente un esquema de razonamiento, el muy conocido silogismo jurídico, que se integra de dos proposiciones y una conclusión.

Si por ejemplo la premisa mayor que contiene la norma aplicable al caso prevé respecto a conductores en tránsito “cruzar una intersección estando el semáforo con luz roja, generará una multa de 12% del valor de la UIT”, y la premisa menor contiene la descripción de cómo don Pedro Vásquez manejando su vehículo de placa GGG-123 pasó la luz roja el día 1º de noviembre a las 3:45 p.m. en la Av. Arequipa cruce con Av. Juan de Arona, San Isidro, Lima, la conclusión necesariamente será que don Pedro Vásquez recibirá una multa equivalente. 

Todo razonamiento judicial termina haciendo inferencias o deducciones lógicas de este tipo. Esta dimensión del raciocinio es indispensable para garantizar la racionalidad de la argumentación.

Pero ello sólo anuncia la estructura de la argumentación, no la demostración de su corrección. Para justificar con argumentos propios del sistema legal la existencia de la premisa normativa, deberemos sustentar dicha premisa en razones tales como la existencia de la multa M 17 del código de tránsito vigente en el país, la necesidad de mantener el orden en el tránsito de las ciudades y que, en la medida en que el uso de las vías es un bien escaso, es imprescindible emplear un sistema de turnos para que todos los conductores y peatones accedan al uso racional de la infraestructura vial.

Por otro lado, deberemos justificar racionalmente la corrección de la premisa que contiene el hecho previsto en el relato, como por ejemplo la intervención del efectivo policial S.O. Flores de la Comisaría de San Isidro, la imposición de la papeleta Nº 19319898 al constatar la infracción cometida por el Sr. Vásquez y el registro fílmico de la ocurrencia del hecho así como la fotografía del equipo instalado por la Municipalidad en el aquella intersección.

Los dos párrafos anteriores reflejan un ejercicio de justificación externa, esto es, de demostración racional sobre la corrección de cada una de las premisas.

Teniendo en mente la distinción entre justificación interna y externa, ahora podemos entender con facilidad la lista de ejemplos perversos anunciada en el caso Llamoja, citemos nuevamente:

a)    Inexistencia o motivación aparente,
b)   Falta de motivación interna,
c)    Deficiencia de motivación externa,
d)   Motivación insuficiente,
e)    Motivación sustancialmente incongruente,
f)     Motivación cualificada.

Observemos que el literal b) se refiere a la falta de justificación interna. Esto se produciría en nuestro ejemplo si ante la comisión de la infracción, al pasarse el señor Vásquez la luz roja, la conclusión sería que no se le imponga la multa. Este error lógico sería intolerable desde el punto de vista de una argumentación racional.

Observemos también que el literal e) también viola la justificación interna. Considerando las dos premisas de nuestro ejemplo, supongamos que el S.O. Flores de San Isidro impone la multa no al Sr. Vásquez sino al señor Quispe, quien sí había detenido su camioneta cuando la luz del semáforo cambió a color rojo y antes de cruzar la intersección. Esta conclusión sería incongruente, pues la conducta del Sr. Quispe no figura en la información contenida en las premisas del raciocinio anterior.

Dicho esto, todos los demás ejemplos citados por el Tribunal Constitucional contenidos en los literales a), c), d) y f) son casos especiales de c), esto es, deficiencias de motivación externa. ¿Por qué?

La inexistencia de motivación se produce cuando no hay motivos racionales que justifican externamente una premisa, así que suponen deficiencia de motivación externa. De manera similar, cuando el juez se dedica a escribir motivos en su sentencia, pero estos nada tienen que ver con la premisa que pretende sustentar, nos encontramos ante un caso de motivación sólo aparente, pero no correcta, de la premisa correspondiente, lo que es un nuevo defecto de motivación externa.

En cambio, cuando la jueza da argumentos apropiados para justificar una premisa, pero le falta alguno sustancial, como en nuestro caso que haya olvidado en qué artículo del Código de Tránsito se encuentra tipificada la conducta que justifica la imposición de la multa, estaremos ante una motivación insuficiente, nuevo caso específico de un defecto de justificación externa.

Finalmente, la motivación cualificada es un supuesto mediante el cual el legislador ordena al juez una especial carga argumentativa, más pesada, ante la afectación de un derecho constitucional como la libertad personal. En estos supuestos, el juez debe motivar más y mejor su decisión al afectar la libertad y, no hacerlo, es un nuevo caso de deficiencia de la motivación externa.

Como se puede ver con claridad, la lista de errores en que juezas y jueces yerran al justificar sus decisiones, más se parece a una lista de compras de mercado, cuando vamos a buscar papas, camotes, yucas, jabón y lejía, que a una distinción conceptual de categorías que clasifican diferentes tipos de productos, por ejemplo tubérculos y productos de limpieza.

¿Por qué es relevante trabajar sobre categorías conceptuales antes que listas indistintas de conductas? Porque así enseñaremos un mejor camino de justificación racional que evite mezclar papas con camotes, o justificaciones insuficientes con justificaciones aparentes.

Y termino preguntándome, el estándar de motivación que suma a la justificación interna la justificación externa, siendo exigible a los jueces de la República, ¿es exigible también a los árbitros de derecho?

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