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Audiencias arbitrales "mudas"




He tenido la oportunidad de dirigir en variadas ocasiones audiencias arbitrales como árbitro único o presidente de tribunal. Debo decir que en la gran mayoría de ellas no he visto que los abogados de las partes hayan entendido el contexto al que asistíamos, una AUDIENCIA.


De acuerdo a la segunda acepción del diccionario de la Real Academia de la Lengua, audiencia significa “ocasión para aducir razones o pruebas que se ofrece a un interesado en juicio o en expediente”. Su etimología viene del latín “audientia” cuyo significado es oir. Hago la referencia filológica porque los árbitros queremos  oir los argumentos de las partes, para lo cual hay que cumplir, al menos, dos condiciones: a) conocer perfectamente los detalles del caso y, b) ser capaces de hacer conocer dichos detalles con profesionalismo y convicción en un entorno ORAL.

No suelo observar en las audiencias ninguna de las dos condiciones. Muy pocos abogados conocen los detalles del caso, la interpretación de los elementos probatorios que demostrarían la posición que abrazan, la ubicación de los mismos en la marea de documentación que han presentado antes al tribunal. Muchos de ellos ni siquiera mantienen en la memoria las fechas en que ocurrieron los hechos relevantes.

De otro lado, ni ellas ni ellos han sido entrenados en técnicas de comunicación oral que les permitan transmitir con vivacidad y convicción la teoría del caso que han reflejado en su demanda o contestación escrita. Es más, cuando les pido que me expliquen el caso oralmente, suelen responder que se remiten al texto de su demanda o el último escrito presentado.

Me queda claro que en esa audiencia todo se reducirá al mero formalismo de cumplir con las reglas del proceso arbitral pactadas en el acta de instalación respectiva y que nada aprenderé del caso, ni que podré absolver dudas que me hayan surgido al leer la documentación del mismo, pues las partes no están en condiciones de absolverlas.


Sin abogados que conozcan hasta el más mínimo detalle de sus casos y sin capacidad para transmitirlos oralmente, incluso con capacidad para refutar mediante argumentos y cuestionamientos la posición contraria, las audiencias arbitrales serán remedos irrelevantes donde todos perderemos el tiempo y, lo que es más grave aún, los abogados perderán la valiosísima oportunidad de brindar al tomador de decisión el panorama desde el que quisieran que se caso sea aprendido, valorado y resuelto.

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