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Error de motivación cualificada, la detención de Gastón Mansilla



Acabo de leer la resolución de la jueza penal de turno permanente del 8 de enero de 2012 en la que abre instrucción contra Gastón Mansilla Yupanqui por delito de homicidio ordenando su detención.

Este proceso ha adquirido relevancia pública porque Mansilla Yupanqui es un estudiante que hizo un disparo de su arma de fuego contra Víctor Manuel Díaz Acevedo el 7 de enero, quien pretendió robarle sus pertenecías, amenazándole con una navaja, luego de asaltar a otro sujeto en la avenida Tacna y Nicolás de Piérola, Cercado de Lima.

La orden de detención ha levantado la indignación pública, en la medida en que lo único que ha pretendido Mansilla Yupanqui es ejercer su legítima defensa.
Este es un caso de motivación cualificada, según la clasificación que ha hecho el Tribunal Constitucional, de los errores frecuentes en la motivación judicial. En especial, en el sonado caso Giuliana Llamoja, este alto Tribunal clasificó los errores de motivación en los que incurren los jueces peruanos en las siguientes categorías: motivación inexistente, motivación aparente, motivación insuficiente, motivación incongruente, defecto en la motivación interna y error en la motivación cualificada (ver: http://www.tc.gob.pe/jurisprudencia/2008/00728-2008-HC.html, fundamento 7).

La jueza que ha ordenado la detención de Mansilla lo ha hecho proponiendo, de manera aparente, la aplicación y análisis del artículo 135 del Código de Procedimientos Penales. Ha propuesto en su resolución analizar si se cumplen en el caso concreto los siguientes requisitos: a) si existe evidencia sobre la comisión de un hecho delictivo, b) si existe suficiencia probatoria sobre la participación delictiva del imputado, c) la gravedad de la sanción penal a imponerse, d)  que exista peligro de fuga o perturbación de la actividad probatoria. Pero lo ha hecho aparentemente, porque no se ha referido a las circunstancias de hecho específicas que el caso reclama en el accionar de Mansilla, sino que ha asumido una conducta que no se ha demostrado en el plano de los hechos del caso. Tampoco ha explicado las razones, presunciones o reglas de la experiencia que la llevan a concluir como lo hace. Esto no es más que un típico caso de motivación aparente en el plano factico.

Pero lo más grave es que la jueza, para ordenar la detención, no ha puesto el caso en su contexto. No ha mencionado, ni una sola vez, que Mansilla disparó su arma en legítima defensa. Y es que para afectar el derecho constitucional a la libertad personal, se requiere un estándar muy alto de justificación o motivación. Ésta es la explicación de porqué en estos casos el legislador exige una motivación cualificada, con el consiguiente agotamiento de  una lista de chequeo prevista en un artículo como el 135 procesal penal.

No poner el caso en contexto es no entender que la medida de detención es una medida cautelar personal, y que toda cautela requiere analizar el contexto del caso y si la alegada legítima defensa es, a primera vista, una teoría del caso con potencial explicativo y sea plausible. No hacerlo desvirtúa la finalidad de la medida cautelar, descarrila el razonamiento sobre el caso y genera una profunda desazón en la ciudadanía, que simplemente no entiende por qué quien se defiende de un ataque violeto termina no sólo procesado, sino que es enviado a prisión.

La ciudadanía no entiende porque la jueza no dio razones para explicar su propia decisión, porque administración de justicia sin buenas razones jamás es justicia cumplida. 

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