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Litigación más transparente ¿es posible?



Nos hicimos esta pregunta hace unas semanas con Martín Mejorada, abogado litigante de fuste en materia civil y profesor universitario en la misma especialidad, y también con César Azabache, ex procurador anticorrupción y destacado litigante en materia penal.

Surgió así la idea de dar unas conferencias/recomendaciones sobre cómo combatir la falta de transparencia ante jueces peruanos. Lo hemos hecho así en las Cortes de El Santa (Chimbote) e Ica. A mí me tocó abordar  el problema desde la argumentación jurídica general, a Martín Mejorada desde el derecho procesal civil y a César Azabache desde el procesal penal.

Mi entrada supuso recordar algo evidente: el juez es un buen juez si es competente técnicamente en el área de especialidad en la que se desempeña, si es honesto y fuerte para resistir presiones impropias, esto es, si vela conscientemente por su imparcialidad. Hay muchos factores que atentan contra ella, algunos claramente instalados en nuestras costumbres culturales, como el amiguismo/compadrazgo, o como ser servil con los deseos de los superiores jerárquicos o, por instinto de conservación, negando la decisión justa cuando ella puede, creemos, afectar la viabilidad de nuestras carreras profesionales. Javier Valle Riestra acuñó una famosa frase que resume todo esto: “los jueces han preferido la quincena a la historia”… Lapidaria e injusta con muchos jueces honestos, pero cae como anillo al dedo de quienes no lo han sido.

Mi reflexión continuó tratando de dar claves para fortalecer el espíritu y competencias judiciales, para que EXIJAN a los litigantes pedidos claros y bien fundados, y para que ellas y ellos tomen decisiones igualmente bien construidas. Aquí empleo una metáfora que he llamado “estructural”: los argumentos son fuertes como los edificios antisísmicos, siempre que hayan contado con vigas/premisas que estén suficientemente apoyadas en sólidas columnas/motivos/fundamentos materiales.

Si las premisas del razonamiento judicial (premisa mayor que contiene la norma y premisa menor que contiene el hecho del caso) llevan lógico jurídicamente a una conclusión bien deducida, entonces hemos satisfecho la primera condición del buen razonar: la dimensión interna o lógica. Pero ella es sólo condición necesaria mas no suficiente: debemos también cumplir con los cánones de la dimensión o justificación externa, esto es, dirigir razones/fundamentos/motivos que, a la usanza de las columnas de un edificio, les soporten demostrando la corrección material de cada una de las premisas.

Allí tenemos un razonamiento fuerte, lógico, transparente. Y si es oral mucho mejor, porque tendencialmente será producido en un lenguaje lo más claro posible, porque cuando hablas cara a cara carece de todo sentido adornarte en un lenguaje técnico/erudito que tu receptor no entenderá. Por principio democrático y de interdicción de la arbitrariedad, las juezas tienen que reconsiderar su estrategia comunicativa… ¡Claridad, claridad, claridad!

Martín Mejorada hizo un enfoque distinto. Partiendo de las tretas que suelen hacer litigantes civiles maliciosos para confundir y sorprender a la judicatura, reconoció que muchas de estas oscuras estrategias como presentar reiteradamente o al mismo tiempo pero en diversas jurisdicciones el mismo pedido cautelar, no pueden ser eficientemente detectadas por los jueces que carezcan de apoyos informáticos como soporte logístico básico para el cumplimiento de su tarea. Muy cierto, es injusto criticar a los jueces si no les damos las herramientas básicas para que hagan bien su trabajo.  Si dos siglos atrás era indispensable el uso del papel y la tinta, hoy lo es el uso de computadoras interconectadas y el trabajo en red.

Martín siguió luego sugiriendo medidas que sí están más a la mano de los jueces: tener rigor técnico al momento de admitir las pretensiones del las partes, exigir claridad en el discurso de los abogados y razonar de manera sólida y clara.

Recordó que lo que quieren todos los litigantes es predictibilidad, quieren saber cómo van a interpretar los jueces en caso concretos leyes que son generales y abstractas. Quieren decisiones firmes y razones que las apoyen. No quieren decisiones díscolas, que se aparten de cierto sentido común legal, y en ello el rol de la Corte Suprema y la jurisprudencia vinculante aún, en el terreno civil, deja mucho que desear.

César Azabache introdujo una nueva perspectiva: reconoció que el litigio no transparente introduce sobrecostos para todos los jugadores en el sistema legal, porque pervierte el sentido de ley para favorecer intereses privados subalternos. Para lograrlo, manipula el significado de la ley, y esa manipulación distorsiona todo el sistema jurídico.

Como punto central, señaló que el juicio oral y público persigue la vigencia simbólica y pragmática de la ley en cada una de las comunidades que integran nuestro país, por eso la vigencia de las leyes debe ser afirmada siempre con buenas razones, las mejores que estén a nuestro alcance.

Por ello, afirmar decisiones correctas, bien argumentadas y claramente comunicadas es uno de los retos pendientes de nuestra judicatura para hacer más transparente la justicia. ¿Y si logramos ello qué ganaríamos? Lograríamos confianza, credibilidad, respeto por los derechos subjetivos y por el desempeño de nuestras autoridades. Nuestra sociedad política elevaría su calidad, y podríamos aspirar a vivir más seguros, más tranquilos, ¿más felices?

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