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¿La litigación oral avanzará en el 2012?





Me han pedido que otee el horizonte del 2012 y me aventure a decir cuáles son las perspectivas que veo para la litigación oral en los nuevos marcos procesales penal y laboral. Basado en la experiencia profesional acumulada como abogado de litigación y como entrenador en talleres sobre la materia, puedo decir que veo, honestamente, luces y sombras.

Las luces iluminan las nuevas prácticas que están desarrollando estudiantes y jóvenes egresados de algunas Facultades de Derecho de la República. Sólo por citar algunas, competencias de litigación impulsadas por la Pontificia Universidad Católica del Perú, la Universidad de Lima o la Universidad Santo Toribio de Mogrovejo de Chiclayo son excelentes espacios de entrenamiento en las nuevas habilidades requeridas para la litigación ante Cortes o Tribunales arbitrales. Dichas competencias no son sólo nacionales, sino que equipos universitarios del Perú participan más y más en eventos internacionales vinculados a la litigación penal, litigación en defensa de derechos humanos o arbitraje. ¿Y cuáles son los semilleros? Cursos sobre Destrezas Legales que se vienen poniendo de moda en los planes curriculares de algunas universidades del país. ¿La metodología?: aprender haciendo, practicando, practicando y practicando las nuevas destrezas.

Las sombras se ciernen sobre la práctica actual de la judicatura en algunas Cortes de la República. La dificultad radica en que muchos jueces no saben dirigir con efectividad audiencias orales, porque no han sido entrenados para ello, y porque esa efectividad tiene íntima relación con habilidades mentales y lingüísticas que no forman parte de su experiencia profesional. Incluso si pusiéramos a entrenar intensivamente a los jueces en el desarrollo de las mismas, serían pocos, los más flexibles y receptivos al cambio, quienes sacarían algún provecho. Está demostrado que, si bien es trabajoso aprender nuevas destrezas, lo es mucho más desaprender las que ya habíamos adquirido. Muy pocos, de los participantes en sendos talleres de capacitación un nuevas destrezas de litigio oral que he dirigido, están dispuestos a pagar un precio tan alto.

Los abogados que practicamos en materia laboral o penal tampoco salimos bien parados en esta evaluación. Hay más sombras en el horizonte. La mayoría de ellas y ellos fueron formados para organizarse y navegar en juicios de papel, escribiendo para que asistentes judiciales lean e interpreten sus escritos, y carecen de toda habilidad práctica para persuadir razonadamente a un juez en audiencia. Lo que sí sabemos hacer es alegar, porque tenemos experiencia en los llamados “informes orales” a propósito de la afamada “vista de la causa” en que el juez escucha a las partes previamente a una decisión final. Pero ésta que es una fortaleza en el litigio escrito se torna en debilidad en el litigio oral. En las audiencias orales, tan importante como alegar (en la apertura y el cierre del juicio), es también saber preguntar y desenvolver la riqueza probatoria de puede aportar testigos y peritos. Eso no lo sabemos hacer, porque, siguiendo nuestra acendrada tradición, los abogados terminamos introduciendo soterradamente mini alegatos en cada pregunta, lo que invalida la técnica y entorpece la fluidez de las audiencias.

¿Y es que no hay salida para las abogadas que aprendieron a litigar leyendo el Código Procesal y haciendo escritos de papel? Sí la hay, pero es costosa: desaprender las tácticas, normalmente confusas y dilatorias, del litigio de papel, y ponerse a practicar las nuevas habilidades, que tienen relación con un pulido planeamiento estratégico, alrededor de la teoría del caso, una buena investigación de los hechos que nos lleve al máximo potencial probatorio del mismo, un cuidado ejercicio respecto a los puntos fuertes de nuestros alegatos (sin descuidar las réplicas y dúplicas que haremos respecto a la teoría del caso oponente), y en particular un entrenamiento intensivo sobre cómo administrar los interrogatorios a testigos y peritos. Este es un arte que requiere, en esencia, de cientos de horas de práctica profesional bien guiada.

¿Mis deseos para el 2012? Que abogados, fiscales y jueces peruanos tengan la buena disposición, la inteligencia y el valor personal para abandonar las viejas prácticas del juicio de papel y decidan “ponerse en forma” con las nuevas destrezas exigidas por la litigación oral. Si lo hacemos, todos saldremos ganando. De nosotros depende soplar fuerte y así alejar las sombras ¡para generar más luz!

Ver la versión impresa en el Diario El Peruano en:
http://coberturaperu.llorenteycuenca.com/GUI/GUIPrensa/index.php?idPauta=97353

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