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Decisiones judiciales… “jaloneando las normas legales”



Mientras más reflexiono sobre los procesos de toma de decisión judicial más cerca me encuentro de quienes sugieren que pesa más el contexto de descubrimiento que el contexto de justificación. Me explico. De acuerdo a la teoría estándar de la argumentación jurídica (ver por todos a ATIENZA, Manuel, Las Razones del Derecho, Teoría de la argumentación jurídica, Lima: Palestra, 2005), una dimensión primera es el contexto de descubrimiento, el momento en que el juez grita ¡eureka! y halla una solución para el caso entre manos, movido por procesos más inconscientes. El segundo contexto es el de justificación, en el que debe pasar a dar razones legales que apoyen su decisión.

Las teorías de la argumentación han insistido en el estudio del contexto de justificación, dado que es lo exigido por los ordenamientos jurídicos. Como lo manda nuestra Constitución Política, los jueces deben motivar las decisiones que toman. Nuestro Tribunal Constitucional ha venido insistiendo desde el año 2002 que motivar es explicar las razones que sostienen una decisión como lógica y materialmente correcta.

Para seguir mis intuiciones, invité la semana pasada u a una prestigiosa y experimentada jueza de Lima a mi clase de postgrado del curso “Teoría de la argumentación y la decisión judicial” en una universidad local. Pedí a los 20 alumnos  asistentes, con antelación, que la investigaran por internet y prepararan una pregunta difícil, no por su contenido jurídico, sino porque explorara el contexto de descubrimiento más que el de justificación. Era un intento por escudriñar “lo que realmente importa a un juez” cuando decide, más allá de las razones jurídicas que encuentre luego para justificar la posición asumida.

Fuera de la presión que puede ejercer una oferta de corrupción económica, imposible en la esfera de la jueza que tuvo el valor de compartir con esta clase universitaria su rica experiencia, nuestra invitada comentó cómo hay diversos ámbitos y esferas que influyen o pretenden influir en el ánimo de un juez cuando va a tomar decisiones importantes, no sólo porque afectan a las partes en controversia, sino porque irradian mensajes a la ciudadanía a partir del tinte político o las consecuencias económicas que el juez, sabe, su decisión acarreará. Esos aspectos influyentes son la presión de los medios de comunicación normalmente en casos de contenido político y donde luchan grupos económicamente poderosos.

Hasta aquí no hay novedad: los medios pretenden influir todo lo posible para alentar o asustar a un juez. Lo primero que aprendimos es que una jueza íntegra y en consecuencia valiente, no debe temer amenazas de medios que quieran asustarla, porque si de doblega, no pierde autoridad sólo en esa ocasión, sino que la perderá para los casos venideros. Juez prudente y conocedor del Derecho objetivo sí, pero también juez valiente…

Lo segundo que aprendimos es que en muchas ocasiones, no ahora que tenemos a un juez magnífico en el liderazgo del Poder Judicial, como César San Martín Castro, nuestro Poder Judicial ha dejado solos a los jueces y, cuando la prensa arrecia en su legítima búsqueda de información, les ha dicho que se las arreglen solos frente a los medios… Esto es difícil porque en medio de un proceso judicial mucha y la más importante información no se puede revelar, y porque el lenguaje técnico del Derecho no es comprendido por un periodista sin formación legal y menos por el gran público.  Por favor no pretendo decir que los periodistas ni el público deban contar con formación jurídica, todo lo contrario, es menester que el sistema judicial se comunique amigablemente con la ciudadanía y para ello necesitamos habilidades comunicativas de la que normalmente la judicatura, por su propio sesgo profesional, carece.

Nuestra jueza contó cómo ha reclamado constantemente que el Poder Judicial tenga un gabinete de comunicaciones institucionales, no sólo una “oficina de imagen” que haga posible esta comunicación fluida, y cómo hasta hoy no la tiene. Esta enorme limitación para el desarrollo de una relación amigable y transparente debe ser superada. En ello se juega parte importante del prestigio y la legitimidad de la judicatura.

¿Qué hacer frente a la presión mediática, o económica o política? Tomar decisiones correctas, bien fundadas en Derecho y darse el trabajo de comunicar sus razones en un lenguaje que la gente aprecie por su claridad y elocuencia. Sin más, no sólo ser un juez honesto y técnicamente sólido, sino también transparente, explicativo… Y prestemos atención, las decisiones escritas no hablan por sí mismas, como creen muchos jueces, sino que deben ser explicadas a un público más amplio si el contexto del caso amerita.

A nuestra jueza muchas veces le han intentado ejercer presión de diversa índole y de diversas canteras, su trabajo no ha sido siempre comprendido.  Ha tenido opciones de desempeñarse en posiciones en el sector privado, más “tranquilas” y mejor remuneradas, pero ella no ha cejado en abrazar la judicatura. Le preguntamos varios por qué esa tenacidad no siempre recompensada, ¿su respuesta?  “Porque me gusta ser jueza y tomar decisiones justas”.

Confesó que en diversas ocasiones la lectura de las normas jurídicas no le satisfacía para resolver una controversia específica, y que tuvo y tiene que “jalonear las normas legales” para conseguir un resultado justo.

A los jueces, o a muchas de ellas y ellos, lo intuyo y esta entrevista iluminadora me lo confirma, les importa hacer justicia en el caso concreto, tomar la decisión moralmente correcta y usar para ello el derecho positivo disponible, en ese orden.

¿Qué importa realmente cuando tomas una decisión jurídica? La conciencia, los valores en juego, hacer lo correcto. Luego rodear tu decisión de buenas razones legales.

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