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Cómo entrenar a un abogado de litigación


Cómo entrenar a un abogado de litigación


En el II Seminario Internacional de Enseñanza del Derecho organizado por la Pontificia Universidad Católica del Perú el 12 y 13 de octubre de 2011 me pidieron esta colaboración, a la que accedo con interés y placer.


Vengo entrenando abogados, fiscales y jueces de diversos lugares del país por más de 5 años en técnicas de litigio oral, después de haber hecho un duro entrenamiento de 80 horas prácticas en el Instituto Nacional de Destrezas de Litigación de los Estados Unidos de América (NITA, ver: http://www.nita.org/). Cito ambas experiencias, la lectiva y la docente, porque ahora ellas alimentan mi reflexión, que no es teórica, sino que está completamente basada en los “ensayos y errores” de mi práctica en la enseñanza legal.


Lo primero que hay que hacer es evaluar nuestra actitud, complaciente o no, respecto al desempeño general de las universidades peruanas, y en especial de las Facultades de Derecho, en el contexto latinoamericano y mundial. En la última encuesta de Times Higher Education (ver: http://www.timeshighereducation.co.uk/) ninguna universidad peruana aparece entre las 200 más importantes del mundo. En el ranking que hizo la compañía internacional QS (ver: http://www.topuniversities.com/ ) se ubica la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) en el puesto 34 con 58 puntos, bastante lejos de los 100 puntos obtenidos por la primera en el ranking, la Universidad  de San Pablo. El ranking de la Revista América Economía, edición Perú (ver: http://rankings.americaeconomia.com/2010/mejores-universidades-peru/ranking-completo.php ) nos ubica como la mejor Facultad de Derecho del país, pero la enseñanza legal en nuestro contexto oscila entre la mediocridad y la muy baja calidad.


De acuerdo a las preferencias y satisfacción de los empleadores latinoamericanos, según Times, la PUCP se ubica en el puesto 46. Al mismo tiempo, más del 50% de los propios estudiantes de esta universidad reconocen que se les dificulta encontrar empleo, y que factores dominantes son la falta de experiencia y especialización (ver : http://btpucp.pucp.edu.pe/mapa/Informe%20Derecho%20(Version%20Resumen%20Web).pdf).
Esta situación de insatisfacción de empleadores y egresados no es para celebrar, al contrario, debemos adoptar una actitud más ambiciosa, menos complaciente, ver qué están haciendo en el mundo las mejores universidades y ponernos a la altura de las condiciones de competitividad cada vez más global. Sé que el Derecho siempre tiene una aplicación nacional, y que no se globaliza como las ciencias duras, las ingenierías y la administración, pero también sé que en un mundo cada vez más plano, los países y sus sistemas institucionales compiten para atraer inversiones, generar nuevas plazas laborales y solucionar los problemas materiales de los ciudadanos. Y si no competimos desde el entrenamiento universitario para formar abogados más diestros, mejores solucionadores o gestores de conflictos, nuestra institucionalidad seguirá siendo muy baja, y nuestras posiciones en la competencia global caerán.


En este contexto internacional, la “producción nacional” de abogados es realmente alarmante. El Diario El Comercio informaba hace un año (ver:http://elcomercio.pe/lima/481397/noticia-no-se-podria-estudiar-carrera-derecho-exceso-abogados) que había cerca de 100 mil abogados en el país y más de 80 mil estudiantes de Derecho. Ello provocó que el Colegio de Abogados de Lima presentara un proyecto legislativo para detener la admisión universitaria en el sector legal. El controvertido proyecto no vio la luz, pero seguimos en esta producción que crece día a día y no le da cabida a la calidad.


De esta gran cantidad de abogadas y abogados, aunque no pueda identificarlos con precisión, una cantidad apreciable se dedica a las actividades de litigación, tanto a las tradicionales como a las enmarcadas en los nuevos procesos penal y laboral en virtud de cambios legislativos recientes, como son la vigencia progresiva del nuevo Código Procesal Penal y la nueva Ley Procesal del Trabajo. Sin duda son miles los abogados que se dedican a estas actividades, de lo contrario no se explicaría el crecimiento de la litigación judicial en el país, que supera los dos millones de casos tramitados ante el Poder Judicial.


¿Cómo preparamos a los estudiantes de la PUCP para enfrentar los nuevos retos del litigio oral y en general de la solución de conflictos en un Perú cambiante y en crecimiento económico, con mucho más interacción comercial internacional? Lo hacemos modestamente. De los más de 100 cursos ofrecidos en el plan de estudios, contamos con 2 que se vinculan al área: Destrezas Legales y Clínica Jurídica, además de una actividad como el PROSODE (Proyección Social en Derecho) y algunos escasos concursos de litigación, como el de litigación en materia penal y el desarrollado en materia arbitral, estas últimas, actividades extracurriculares. Esto es claramente insuficiente. Si comparamos esto con los cursos, seminarios y clínicas de Facultades de Derecho de USA, normalmente tales actividades curriculares son más de 10 o 12 en una carrera no de 5 años de duración, sino de solamente 3. Además, la posibilidad de participar en competencias de litigación internas y externas es enorme allá.


Entre nosotros, en el curso de Destrezas Legales en que vengo participando, organizamos y lideramos el curso dos profesores: uno de teatro y uno de Derecho. Esto le da una dimensión novedosa y bi disciplinaria muy provechosa para los estudiantes. Perseguimos como objetivos que los participantes diseñen una estrategia para litigar un caso, investiguen hechos y documentos, estudien las fuentes legales pertinentes, redacten una demanda y contestación, para finalmente preparar un argumento oral con capacidad escénica.


Debo decir que siendo el curso enteramente práctico, es insuficiente para atacar con suficiente detalle cada uno de los objetivos perseguidos. La participación de los estudiantes, que no exceden de 20 por clase, suele ser entusiasta, aunque percibo que cada vez menos. La preparación del curso para todos exige tiempo y esfuerzo, dos elementos escasos entre nosotros. Sin embargo un dato es alentador: mientras más tiempo le damos a los alumnos para practicar con la orientación de los profesores, más notable es el desarrollo de las competencias descritas.


Creo que para profundizar las habilidades resumidas antes hay que dar tiempo y espacio, condiciones materiales y muchas oportunidades de mejorar en cada uno de los cursos ofrecidos en el plan curricular. Sólo la práctica consistente y bien orientada forma a un profesional o deportista excelente, porque las habilidades y competencias se desarrollan en la práctica, simulando las condiciones del terreno de juego, o de litigio. “Aprender haciendo” ya es una estrategia comprobada en la educación superior contemporánea.


Para esta profundización me permio resumir mi experiencia práctica, la que ya he tenido la oportunidad de justificar en otro lugar (ver: https://docs.google.com/a/leonpastor.com/viewer?a=v&pid=sites&srcid=bGVvbnBhc3Rvci5jb218ZGVzdHJlemFzLWxlZ2FsZXN8Z3g6MTI3N2I5ZmUzZDA2YWIyMw&pli=1). Para hacer un buen entrenamiento práctico debes reunir todo el talento que sea posible, tanto el de profesores (al menos dos para ser sumamente efectivos en la orientación) como el de los alumnos (ideal si es sistema de selección del curso es electivo y con un número pequeño). El número de participantes importa mucho, aquí en la PUCP lo hacemos con 20, en los cursos que he visitado en USA lo hacen con 12 o 14. En los cursos de litigación oral que doy en diferentes distritos del país lo tratamos de hacer con 20, pero suele asistir más gente. Mientras más gente asista, menos será la posibilidad de que simule un rol específico en un litigio, y se perderá el principal valor de la actividad: ser un teatro de operaciones para hacer buena práctica de litigación.


Los cursos deben estar muy bien preparados, desde los objetivos que perseguimos, que deben ser muy específicos (queremos que las estudiantes aprendan ¿a planear un caso?, ¿a entrevistar clientes?,  ¿a negociar?,  ¿a preparar una demanda persuasiva?, ¿a preparar audiencias orales?,  ¿a interrogar testigos?, ¿a liderar un juicio oral?) Cada una de estos objetivos debe tener un número de horas de práctica asignado para cada participante, y eso excede en mucho la duración típica de un curso universitario de 3 horas por 17 semanas de clases. Asimismo, para que la simulación práctica sea lo más cercana a la realidad, los materiales del curso deben estar disponibles con antelación, principalmente en los detalles probatorios de cada caso a simular.


La experiencia me indica que si toda la organización del curso está relacionada con alguna actividad más trascendente, como la elaboración de un proyecto de investigación para la preparación de recursos de enseñanza/aprendizaje, o el desempeño en un clínica jurídica, o la participación en un concurso nacional o internacional, la motivación del grupo es mucho más elevada, y pueden gestarse las bases para equipos menos perecederos que animen actividades permanentes de litigación oral en cada Facultad.


El empleo de recursos innumerables tomados de la web es también muy útil. La cantidad de manuales, guías prácticas, consejos de blogueros, vídeos y páginas institucionales es cada vez más asombrosa. Si involucramos a los estudiantes en la construcción o compilación colectiva de dichos materiales, empleando redes sociales interactivas, la web será una aliada inestimable para su información y, por qué no, también para su entretenimiento.


Lo último y no menos importante: el curso debe basarse en la práctica de las alumnas y estudiantes con la atenta observación, orientación y retroalimentación de los profesores… La única manera de ser un buen pianista es tocando piano muchas horas al día. La única forma de ser un buen nadador es nadando 8 horas diarias. La única forma de ser un buen político es jugando a la política todo el día. La única forma de ser un buen abogado específicamente de litigio es ensayando, una y cien veces, las habilidades de imaginación, disciplina investigativa, argumentación escrita y capacidad de persuasión oral que distinguen a los mejores abogados.

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