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Tomemos la defensa legal en serio


Desde hace 5 años vengo haciendo talleres sobre litigación oral en el marco del nuevo Código Procesal Penal. He recorrido buena parte del país donde el Código está vigente. Luego de ver muchas audiencias, puedo decir que juezas y jueces peruanos están intentando con esfuerzo y no sin problemas, reconvertirse desde un modelo inquisitivo, en que ellos exploraban y asumían un rol más parecido a la fiscalía, a un rol más acusatorio en que intentan preservar su imparcialidad, dejando a las partes que litiguen sus propias posiciones.

Y ello es lo correcto en el nuevo  sistema acusatorio: la presentación y demostración de la acusación depende exclusivamente de la fiscalía, unos fiscales lo hacen mejor que otros porque unos tienen algunas condiciones personales que les facilitan la tarea. Sin embargo a litigar, como a montar bicicleta, se aprende, con el entrenamiento correcto y una práctica consciente y bien orientada.

Mi preocupación se centra en la defensa, sea de oficio, auspiciada por el Ministerio de Justicia para aquellos acusados que no pueden pagar tarifas profesionales, o sea ejercida por abogados libres. Los primeros han recibido capacitación constante del Ministerio respectivo, y puedo decir que he visto un desempeño razonable, aunque no de todos. La debilidad mayor del nuevo modelo recae en la defensa libre, que al parecer no se ha entrenado en las nuevas técnicas de litigación. Muchos abogados no saben presentar oralmente su defensa, ni interrogar, ni plantear objeciones, ni lidiar con prueba material durante las audiencias.

Muchos han ido a escuchar conferencias, incluso recibiendo “certificados”, pero no han aprendido a litigar oralmente por una sencilla razón: han escuchado al conferencista que les dice lo que hay que hacer, pero los propios interesados no lo han hecho. Imaginemos una situación en que un entrenador de futbol reúne a sus pupilos, los pone al borde de la cancha, y él entra en la cancha para hacer los ejercicios, mientras los deportistas se quedan sentados “viendo” cómo se juega. ¿Así tendremos buenos jugadores, fuertes, diestros, efectivos, con capacidad estratégica? No, porque para aprender tienes que practicar, practicar y practicar.

Esto me hace pensar que, detectada la debilidad, los Colegios de Abogados del país podrían tomarla en serio y dedicarse a acreditar a aquellos abogados que se han preocupado por prepararse en las nuevas técnicas de litigación oral. En otros países por ejemplo, si los abogados no siguen un número de créditos al año para actualizarse, no obtienen la renovación de su licencia profesional, así de simple. Si el abogado no puede ofrecer una defensa razonable de acuerdo a las exigencias de los nuevos tiempos, entonces que no siga ejerciendo y evite así más perjuicios a quienes ya tienen suficientes problemas al ser acusados.

Y no hablemos de cualquier capacitación, sino de aquélla que sea de alta calidad y con mucho componente práctico. Sé que proliferan Facultades de Derecho y entidades por doquier que pretenden hacer negocios masivos con esto, pero la calidad profesional debe ser preservada, de ello depende que la defensa de los derechos ciudadanos mejore y que la profesión de abogado no siga cayendo por el despeñadero del desprestigio social.

Tomemos, de una buena vez, la defensa legal en serio.

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